Y ya que estamos con las elecciones..y las promesas

Y ya que estamos con las elecciones..y las promesas

¿Por qué la mentira política es gratuita? La fue aquello del "todo vale"

Aunque no sea muy mayor del todo, todavía quiero recordar que hubo una época en la que ser sorprendido en una mentira significaba más o menos una cierta vergüenza, y en el caso público, la posibilidad de el fin de una carrera política (ya lo he dicho, más o menos). 
 
El «honor» y la «palabra» eran cuestiones que se tenían algo en cuenta (más o menos), incluso forzaban a una dimisión. Pero como veis diariamente, hoy, esa ética ha muerto y está bien enterrada. 
 
Veo y seguro que verás, sesiones parlamentarias donde las mentiras y sobre todo los insultos (no sé el orden exactamente) sustituyen al argumento, y donde podemos ver y contrastar datos falsos en tiempo real sin que el/la m mentiroso/sa pestañee, y lo peor… que no sufra  ninguna consecuencias. ¿Cómo hemos llegado a esta vergüenza televisada?, a que se rían en nuestra cara, y sobre todo a que nos tomen por imbéciles…y ellos/as lo saben.
 
Como decían por ahí: «Eres lo que dejas que te hagan», y nos dejamos hacer de todo, y nos dejamos engañar y nos dejamos que nos tomen por imbéciles.

Yo te cuento algo que he leído y echado un ojo

Técnicamente, los políticos gozan de aforamiento e inviolabilidad. Pero mira esto que encontré.
El objetivo original del aforamiento era, digamos, «noble», evitar que algunos/as políticos fueran perseguidos judicialmente por sus opiniones políticas. Pero, como ves eso cambió, y ahora se ha convertido en un «cheque en blanco» para decir y mentir tanto como te de la real gana. Saben que lo que digan en el estrado tiene un blindaje legal que un ciudadano común no tiene en la calle.
 
Que no, que no….que no pasa nada.
 
La razón más profunda de por qué «no ocurre nada» reside en nosotros, los votantes. En un entorno hiperpolarizado, la política se vive como un deporte de equipo. Si «el mío» miente, lo justificamos como una «estrategia necesaria» o un «cambio de opinión». Si miente el rival, es una traición democrática. Al perdonar las mentiras de nuestro propio bando para evitar que gane el contrario, hemos eliminado el coste electoral de la mentira.
 
Ya no importa el dato, sino el relato. Cuando un periodista o un verificador demuestra que un político miente, el político simplemente desacredita al mensajero. La mentira queda suspendida en un limbo de «mi verdad contra la tuya». Si no hay una verdad común, no puede haber castigo por traicionarla.
 
En nuestro sistema, una vez que el político obtiene el acta, el ciudadano pierde el control directo. No existen mecanismos de revocación de mandato por incumplimiento de programa o por falsedad manifiesta. La justicia es lenta y, a menudo, los tiempos judiciales no coinciden con los políticos, permitiendo que el mentiroso termine su legislatura antes de que una sentencia le roce siquiera.

Conclusión

La clase política no tiene inmunidad porque se lo haya ganado, sino porque el sistema está diseñado por ellos mismos y el control social se ha perdido, nos lo han robado, nos lo hemos dejado robar. 
 
Y dirán ¡Pues cuando lleguen las elecciones cambie de voto! ¿Cada 4 años y….con el trabajo que tengo o las cosas que tengo en la cabeza? Mientras la mentira sea rentable electoralmente y el insulto genere más likes que la propuesta, los políticos seguirán usando el engaño como herramienta de trabajo. La impunidad es un síntoma de nuestra propia «debilidad», «tolerancia» y «dejadez» como sociedad.
 
Y ya….

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