Otras elecciones más, y esta vez me toca, nos toca.
La fiesta de la propaganda:
Cada vez que hay elecciones, el país se transforma. No solo es el bombardeo constante de promesas,(harto estoy y supongo que estamos de esas mentiras), sino que me sigue sorprendiendo el despliegue obsceno de recursos que, casualmente salen del bolsillo de los mismos ciudadanos a los que intentan convencer. Es decir, de ti, de mi…de nosotros/as .
Mientras el debate público se centra en los recortes o la inflación, los partidos activan una maquinaria de gastos que parecen no tener techo.
¿A dónde va nuestro dinero cuando votamos? Millones a pie de calle
Ya habréis comprobado que es imposible caminar por las calles sin tropezar con la cara de un candidato. La cartelería empapela las farolas y las vallas publicitarias. Gastos masivos en soportes que, en esta época digital, resultan tan inservibles como costosos.
A esto se suman los mítines, donde se alquilan pabellones, se instalan equipos de sonido de última generación y efectos visuales dignos del mejor de los conciertos o espectáculos (lo sé por experiencia). Y todo para hablar ante un público que, en su mayoría, ya está convencido.
The "Show" is here
Detrás de cada caravana electoral hay una factura que supongo y espero alguna vez te habrás preguntado.
Piensa un poco:
- Viajes y dietas: El despliegue de líderes y asesores por toda España (en este caso por toda Andalucía). Un gasto brutal en transporte, hoteles y manutención.
- Equipos electorales: No hablamos solo de políticos; según me informo hay agencias de comunicación, expertos en redes sociales, fotógrafos y asesores de imagen cobrando facturas que te podrás imaginar. Todo para «humanizar» y acercar al candidato de turno.
- Publicidad digital: Otra parte del presupuesto, pagando algoritmos para que nos inundan con anuncios personalizados.
¿Qué piensas? ¿Inversión para la democracia o invierten para ellos/as con tú-nuestro dinero?
Si claro, los partidos tendrán que comunicar sus ideas, pero el volumen del gasto es, creo yo, denunciable.
Épocas donde en general las familias ajustan sus presupuestos, me revuelve ver cómo se gastan millones de euros en llenar nuestros buzones con papeletas que terminan directamente en la basura ¿O es que tú lo guardas?
Se sigue la idea «,bruta» de…»quien más gasta, más suena». Pero como leí una vez: la calidad de una democracia no se mide por los vatios de sonido o por el tamaño de una lona, sino por la verdad de las propuestas. ¿Y dime tú cuándo has notado eso?
¿Y ahora qué?
Pues nada de nada. Siempre digo que sería hora de exigir una reforma que limite estos presupuestos. No sé si eso es «democrático», pero ya os digo que tal como está…tampoco.
La tecnología permite informar sin necesidad de rascar y gastar tanto de lo público (sigo pensando eso y me revuelvo).
¡Qué fácil es gastar cuando no sale de tu bolsillo!
Y para terminar me sale esto: Mientras el gasto electoral siga siendo un cheque en blanco pagado por todos/as, las campañas de las elecciones serán un ejercicio de «mercadeo», y mercadeo y democracia me chirrían.
Con lo que me ha costado durante tanto tiempo desplazar un proyecto artístico y montar un escenario, etc. Uffff, tenía que decirlo después de tanto tiempo.
Y ahora…a votar.
